El entrelazamiento melódico y el amor a través de la música

Él llegó a la ciudad con sus libros de termodinámica y la mente enfocada en su maestría en física. Para un científico, el mundo se rige por leyes, constantes y partículas; pero cuando nuestras trayectorias se cruzaron, descubrimos una fuerza que no se mide en newtons, sino en decibelios.

Comencé a enviarle canciones. Pequeños paquetes de ondas sonoras que intentaban explicar lo que con mensajes de texto a veces no es suficiente. Cuando le compartí la primera, Secret Smile de Semisonic, lo que intentaba era generar una resonancia magnética entre su mundo de ecuaciones y mis emociones. Resulta que, científicamente, estaba haciendo mucho más que compartir un gusto musical.

Neuroquímica del play

La música y el amor activan los mismos circuitos de recompensa en el cerebro. De acuerdo con un estudio de la Universidad de McGill, escuchar música que nos emociona libera dopamina en el núcleo accumbens, la misma zona que se enciende con el enamoramiento o el consumo de chocolate.

Cuando compartimos una canción con alguien que nos gusta, lo que provocamos es una liberación sináptica compartida. Según el portal NeuroClass, el sistema límbico, nuestro centro emocional, procesa la música antes que la corteza prefrontal el lenguaje. Por eso, a veces una canción explica mejor lo que sentimos que una conversación de tres horas.

El efecto espejo y la sincronía neuronal

Para un físico, la sincronía es fundamental. En las relaciones, ocurre algo llamado acoplamiento neuronal. Investigaciones de la Universidad de Princeton sugieren que cuando dos personas escuchan la misma música o se comunican emocionalmente, sus cerebros literalmente comienzan a "parpadear" en los mismos patrones rítmicos.

Al enviarle canciones, estoy calibrando nuestras frecuencias. La música actúa como un catalizador para la oxitocina (la hormona del vínculo). Según la doctora Vicky Williamson, experta en psicología de la música en la Universidad de Sheffield, la música ayuda a la construcción de la identidad de pareja, creando lo que ella llama "memorias autobiográficas musicales". Cada vez que él escuche esa canción en el laboratorio, su cerebro activará el recuerdo del vínculo, reforzando la red neuronal de nuestra conexión.

Física y melodía, la constante de nuestra historia

Si el amor fuera una fórmula, la música sería la variable que acelera el resultado. Compartir canciones es, en esencia, un experimento de entrelazamiento cuántico: una vez que dos partículas (o personas) se conectan a través de una melodía, el estado de una afectará a la otra, sin importar la distancia entre el laboratorio y mi casa.

Así que, mientras él sigue descifrando las leyes del universo en su maestría, yo seguiré enviando señales en forma de canciones. Porque al final, como en la física de partículas, lo más fascinante no es solo de qué estamos hechos, sino la energía que se genera cuando dos cuerpos entran en la misma vibración.

Con información de NeuroClass

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