3 actividades cotidianas para liberarte del apego
En algún momento de la vida todos nos hemos aferrado a algo: una relación, una idea, una versión de nosotros mismos o incluso una expectativa sobre cómo “deberían” ser las cosas. El apego, aunque natural, suele convertirse en una fuente silenciosa de sufrimiento cuando lo que deseamos no coincide con la realidad.
Más que renunciar a amar o a desear, liberarnos del apego implica transformar nuestra forma de relacionarnos con el mundo.
En el libro Más allá del ego, los autores hablan sobre el interés de la psicología transpersonal de liberar al individuo de “esa tiranía condicionada de la mente”. Para esta nueva corriente psicológica, una manera de deshacerse de este condicionamiento es mediante la liberación del apego.
El apego, al ser un vínculo íntimo con el deseo, resulta en frustración y dolor cuando no se cumple lo esperado. En otras palabras, “el apego desempeña un importante papel en la causa del sufrimiento, y para la cesación de éste es fundamental la renuncia al apego”.
En la sabiduría oriental, el apego no se limita a los objetos o personas externos; a la par de las formas más familiares de apego a las posesiones materiales, a determinadas relaciones y al statu quo dominante, también puede haber apegos igualmente intensos a una determinada imagen de uno mismo, a un modelo de comportamiento o a un proceso psicológico.
Se le atribuye a Buda el pensamiento de que "Somos lo que pensamos. Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos. Con nuestros pensamientos hacemos al mundo". Esto quiere decir que al desapegarnos de los estereotipos culturales (modelos de conducta), convertimos el contenido subjetivo en continuidad y el sufrimiento derivado de la resistencia al cambio en trascendencia.
Sin necesidad de evitar el dolor, el cual resulta en resistencia y sufrimiento, se trata de lograr identificarnos con nada y con todo del universo desde una postura de libertad.
Para lograrlo, se pueden retomar actividades indispensables que se pueden realizar en la cotidianidad:
Amar desde la libertad
En su libro Tener o ser, Erich Fromm habla acerca de la dualidad entre amar para tener y amar para ser. Él retoma dos textos: en uno, de Tennyson, se habla de cómo “se toma, con raíces y todo, una flor” para comprender lo que es; mientras que en el haikú de Basho no se desea arrancar ni tocar la flor, sino mirarla atentamente para admirarla en su viveza y esplendor. Un ejemplo gráfico de este ejercicio es el cortometraje Dechen, que puedes ver a continuación:
En otras palabras, al poseer un objeto o a una persona se desmembra su libertad y por tanto, su esencia, mientras que al amarlo desde su libertad, traerá más belleza y bienestar; en especial si se trata de uno mismo, si se deja fluir lo que uno realmente quiere y no lo que debería ser según las creencias culturales.
Esto se puede lograr permitiéndonos sentir y vivir aun cuando nuestros ideales vayan más allá de las normas. De ese modo, por ejemplo, en el caso de que sintamos tristeza seremos capaces de cuidarnos sin miedo a aceptar nuestros verdaderos sentimientos, tratándonos con amor mediante una taza de té en el sofá, un abrazo hacia uno mismo o alguna actividad que nos haga sentir bienestar.
Aceptar que nada es eterno y que las pérdidas forman parte de la vida
Los ciclos son períodos importantes; requieren de un inicio y de un final, por lo que el cambio y el movimiento necesitan de una toma de conciencia sobre las enseñanzas, los aprendizajes y las nuevas experiencias por venir.
Desde terminar los estudios, la ruptura de una relación de pareja o el distanciamiento de amistades hasta una mudanza de hogar, ciudad o país; todos estos ciclos impactan en el cambio y por lo tanto, en la aceptación de la impermanencia en nuestra vida.
Si bien es verdad que existe dolor ante la pérdida de algo que se apreciaba significativamente, hay que aceptar que lo que se vivió ya no forma parte de nuestro presente. En palabras del escritor inglés Lewis Carroll: “No tiene sentido regresar al ayer, porque ayer era yo otra persona”.
Aprender a vivir en el aquí y en el ahora
Vivir en el aquí y el ahora genera una inmediata conexión entre mente y cuerpo, lo cual, de acuerdo con el UCLA Mindful Awareness Research Center, fortalece el sistema inmunológico, reduce la presión arterial, incrementa la atención (entre otras habilidades cognitivas), disminuye los síntomas de la ansiedad, depresión y bipolaridad, y fortalece la toma de decisiones, la flexibilidad emocional y la empatía.
Para lograr vivir en el aquí y el ahora se necesita, primero que nada, eliminar todo prejuicio en torno a las sensaciones corporales, tales como “¿es normal que sienta esto?”; después, activar cada uno de los sentidos: tacto, vista, olfato, gusto, oído; y finalmente, realizar alguna actividad estando consciente de lo que se siente corporalmente. Basta con realizarlo unos 5 minutos al día.
Liberarse del apego no significa dejar de sentir, sino aprender a sentir sin poseer. Es comprender que nada nos pertenece de manera permanente y que cada experiencia —persona, etapa o emoción— cumple un ciclo en nuestra vida. Amar desde la libertad, aceptar la impermanencia y habitar el presente nos permite vivir con mayor ligereza y profundidad.
Cuando soltamos la necesidad de controlar lo que cambia, abrimos espacio para una relación más auténtica con nosotros mismos y con el mundo. Y en esa apertura, el sufrimiento se transforma en aprendizaje, y la resistencia en crecimiento.

