Pitaya, un regalo cactáceo para disfrutar durante el verano
Cuando pensamos en el verano mexicano, es imposible no evocar el color intenso y el sabor dulce de la pitaya. Este fruto, proveniente principalmente de las cactáceas del occidente del país, como las de Techaluta, en Jalisco, es un manjar de temporada y prueba de la gran biodiversidad mexicana.
Diferencia entre pitaya y pitahaya
Aunque a veces se usen como sinónimos, la pitaya y la pitahaya son distintas. La pitaya es más pequeña, con una piel cubierta de pequeñas espinas que requieren destreza para retirarse. Su pulpa es densa, extremadamente dulce y aromática, con una complejidad de sabores que no tiene la pitahaya, la cual es de mayor tamaño, presenta escamas verdes prominentes y posee un sabor mucho más sutil y acuoso.
El arte de la cosecha: un proceso de precisión
La recolección de la pitaya es una labor artesanal que requiere una destreza física admirable. Al crecer en las ramas más altas de los cactus, el campesino desprende el fruto usando un gancho tradicional, evitando dañarlo o lastimarse con las espinas. Los recolectores realizan una limpieza inicial en el campo, retirando las espinas finas para que el producto sea seguro al manipularlo.
El fruto no continúa madurando al desprenderse de la planta, por lo que debe ser cortado en su punto exacto para garantizar su dulzor. La recolección sucede durante la madrugada para evitar el calor intenso, buscando que la fruta llegue al mercado el mismo día de su cosecha.
Beneficios de la pitaya
La pitaya es un concentrado de nutrientes vitales que nuestro organismo agradece especialmente durante el calor:
Su alto contenido en agua ayuda a mantener un equilibrio hídrico adecuado durante los días más soleados.
Sus pigmentos naturales, conocidos como betalaínas, actúan como antioxidantes que combaten el estrés oxidativo.
Aporta una fibra suave que favorece el tránsito intestinal y ayuda a mantener una microbiota sana.
Es una fuente valiosa de vitamina c y minerales como el potasio, necesarios para el funcionamiento muscular y el sistema inmunológico.
Puedes disfrutarla simplemente cortándola por la mitad y comerla con una cuchara, añadir trozos a tu yogurt o preparar agua fresca. Al ser altamente perecedera, consúmela en un plazo máximo de dos a tres días tras adquirirla. mantenla en un lugar fresco y disfrútala cuanto antes para aprovechar sus propiedades en su punto óptimo.

