¿Con quién se queda el perro? Custodia de mascotas ante un divorcio
Para muchas personas, las mascotas no son solo animales de compañía: son parte de la familia. Comparten la vida cotidiana, brindan afecto y ocupan un lugar emocional importante en el hogar. Por eso, cuando una pareja decide separarse o divorciarse, surge una pregunta cada vez más frecuente: ¿qué sucede con las mascotas?
Aunque socialmente se reconoce el vínculo afectivo que existe con los animales, en la mayoría de las legislaciones tradicionales, las mascotas han sido consideradas bienes o propiedades. Esto significa que, en términos legales, se les ha tratado de forma similar a otros bienes que deben repartirse durante un divorcio.
Sin embargo, esta visión ha comenzado a cambiar en distintos lugares del mundo, pues cada vez más leyes reconocen que los animales son seres sintientes, lo que implica considerar su bienestar al tomar decisiones legales.
La reforma legal que cambió el enfoque
El 18 de agosto de 2025, el Congreso de la Ciudad de México aprobó una reforma al Código Civil local, conocida popularmente como la ley “¿Con quién se queda el perro?”. Esta modificación reconoce el vínculo emocional entre las personas y sus animales de compañía, por lo que incorporó una nueva disposición que permite regular la custodia de mascotas en procesos de divorcio.
Con esta reforma, los animales de compañía dejan de ser tratados únicamente como bienes y pasan a recibir una consideración especial dentro de los procesos legales de separación. Así, la ley capitalina comienza a considerar a las mascotas desde una perspectiva más cercana a la realidad social: como seres sintientes que forman parte de la familia.
El objetivo principal de esta reforma es garantizar el bienestar físico y emocional de los animales, reconociendo que muchas familias los consideran miembros importantes del hogar.
El “plan de cuidados” en el divorcio
La reforma establece que, al tramitar un divorcio, las parejas pueden incluir en su convenio un plan de cuidados para las mascotas. Este documento define cómo se organizará su cuidado después de la separación.
El plan puede incluir aspectos como quién tendrá la custodia principal del animal, la posibilidad de custodia compartida, los días de convivencia o visitas, la responsabilidad sobre alimentación, veterinario y gastos, así como las condiciones necesarias para garantizar su bienestar.
De esta forma, la mascota deja de ser tratada como un objeto y se convierte en un ser cuya protección debe considerarse dentro del acuerdo de la separación.
Custodia compartida de mascotas
Uno de los cambios más importantes es que la ley permite la custodia compartida, similar a lo que ocurre con los hijos menores en algunos casos. Esto significa que la mascota puede pasar tiempo con ambas personas si así lo acuerdan o lo determina el juez.
De esta manera, se puede definir con quién vivirá la mascota y establecer visitas o tiempos definidos con la otra persona, así como gastos compartidos para su cuidado (alimentación, higiene y bienestar en general) y atención veterinaria.
Cuando atraviesas por una separación y existen mascotas en común, lo ideal es buscar primero un acuerdo amistoso que priorice el bienestar del animal. Para ello, es importante hablar con claridad sobre responsabilidades y tiempos, considerar qué ambiente será más estable para la mascota y evitar usar al animal como herramienta de conflicto. Lo ideal es dejar los acuerdos por escrito.
Qué factores puede considerar un juez
Si la pareja no logra llegar a un acuerdo, un juez puede decidir la custodia considerando distintos elementos relacionados con el bienestar del animal, por ejemplo:
Quién puede ofrecer mejores condiciones de bienestar para el animal
Quién tiene tiempo y recursos suficientes para su cuidado
Quién se ha encargado principalmente de su atención hasta ahora (alimentación, veterinario, paseos, etc.)
Las necesidades específicas de la mascota
El vínculo emocional y la estabilidad que cada persona puede ofrecer al animal
El principio central es proteger la calidad de vida del animal.
Un cambio cultural en la legislación
Esta reforma también está alineada con el reconocimiento de los animales como seres sintientes, principio que ya aparece en la Constitución de la Ciudad de México y en su legislación sobre bienestar animal.
Además, responde a una realidad social cada vez más común: muchas parejas consideran a sus mascotas parte fundamental de su familia, por lo que su destino durante una separación también requiere atención legal.
La legislación de la Ciudad de México se ha convertido en un precedente importante en el país. Al establecer reglas claras sobre la custodia y el cuidado de mascotas en divorcios, abre la puerta para que otras entidades federativas adopten medidas similares.
Más allá del ámbito jurídico, este cambio refleja una transformación cultural: reconocer que los animales no solo comparten nuestro espacio, sino también nuestros vínculos afectivos y nuestra vida familiar. Al final, lo más importante es recordar que la mascota también atraviesa un proceso de cambio, por lo que cuidar su estabilidad y bienestar debe ser siempre la prioridad.

