Karma positivo, ¿por qué mereces que te pasen cosas buenas?

¿Es el karma un juez invisible y severo, una fuerza química que solo se hace presente para cobrarnos errores del pasado o para aplicar una justicia cuando alguien nos hace daño? Hemos crecido con la idea de que el karma, un concepto oriental, es sinónimo de castigo, lo que nos hace vivir con una sensación de deuda o temor.

Sin embargo, cuando lo vemos con otros ojos, el verdadero karma es en realidad una ley de correspondencia universal muy hermosa, un recordatorio de que todo lo que emitimos, pensamos y hacemos genera una vibración que tarde o temprano busca el camino de regreso a casa.

Reconciliarse con la idea de que merecemos que nos pasen cosas buenas es uno de los retos más grandes de la psicología del amor propio. Especialistas sugieren que muchas personas sufren de una especie de barrera emocional que les impide recibir la bondad del entorno, debido a culpas inconscientes o a la falsa creencia de que siempre hay que estar en una postura de sacrificio y entrega hacia los demás.

Para romper este ciclo y empezar a cosechar buen karma, el primer paso fundamental consiste en practicar una autocompasión profunda, entendiendo que cada acto de generosidad, cada palabra de aliento que le regalas a un amigo y cada sonrisa que compartes con un extraño son semillas de luz que tú misma plantaste en el jardín del mundo, y que es completamente natural y justo que florezcan en tu propia vida.

Sintonizar con la abundancia

Abrir los brazos al karma positivo requiere también un cambio de mentalidad radical, pasando de la escasez a la certeza de que el universo es un lugar generoso. Cuando actúas desde la bondad genuina, sin esperar recibir algo a cambio de manera inmediata, tu energía se alinea con una frecuencia de paz y ligereza que resulta magnética para las oportunidades y las personas vitamina. Los actos altruistas liberan endorfinas y oxitocina en nuestro cerebro, mejorando la salud cardiovascular y fortaleciendo el sistema inmune. El buen karma se manifiesta primero en tu propio cuerpo como un estado de bienestar biológico instantáneo antes de regresar a ti a través de sincronicidades o golpes de buena fortuna en el exterior.

Por supuesto, las cosas buenas no sucederán si te cruzas de brazos ni debes obsesionarte con el control de los resultados, debes aprender a confiar en los tiempos perfectos de la vida. A veces la recompensa de una buena acción no llega de la persona a la que ayudaste, ni de la forma en que lo habías imaginado, sino a través de una puerta completamente inesperada: un amanecer que te devuelve la calma o una coincidencia maravillosa que te rescata en un momento difícil.

Recordar que mereces buen karma es una oportunidad de celebrar tu propia nobleza y a caminar por el mundo con la frente en alto y el corazón en paz. Al integrar la gratitud como tu filosofía de cabecera y reconocer el valor de tu propia luz, te conviertes en un canal limpio por donde la abundancia del universo puede fluir sin obstáculos.

Con información de Time

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