Cómo lavar tu ropa como un experto y hacer que dure más

Lavar la ropa parece una de esas tareas que dominamos por pura inercia, pero la realidad es que la mayoría lo estamos haciendo mal. No se trata solo de separar por colores y presionar "inicio"; cuidar nuestras prendas favoritas es un arte que mezcla ciencia, paciencia y un poco de estrategia. Siguiendo las recomendaciones de los expertos, aquí te compartimos cómo transformar tu rutina de lavandería para proteger tus hilos y, de paso, el planeta.

1. No satures la lavadora

Uno de los errores más comunes es llenar la lavadora hasta el tope. Para que el detergente y el agua hagan su magia, la ropa necesita espacio para moverse. Aplica la "regla de los cuatro dedos": siempre debe quedar un espacio libre (del tamaño de tu mano de forma vertical) entre la parte superior de la carga y el techo del tambor. Si no hay espacio, la fricción dañará las fibras y la suciedad simplemente se quedará atrapada entre las prendas.

2. Menos jabón, mejores resultados

Existe el mito de que más espuma significa más limpieza, pero es todo lo contrario. El exceso de detergente crea una capa de residuos que atrapa bacterias y vuelve las telas rígidas. Los especialistas sugieren que dos cucharadas de detergente líquido de alta calidad son suficientes para una carga estándar. Además, el formato líquido se disuelve mejor en todas las temperaturas, evitando esas manchas blancas tan molestas en la ropa oscura.

3. El poder del agua fría

Es hora de perderle el miedo al agua fría. Gracias a las fórmulas modernas de los detergentes, el agua a baja temperatura es igual de efectiva para eliminar la suciedad diaria y tiene tres ventajas imbatibles:

  • Protege los colores. Evita que tus negros se vuelvan grises y tus prendas de color pierdan brillo.

  • Cero encogimiento. Las fibras naturales como el algodón o la lana se mantienen en su sitio.

  • Ahorro energético. Algunas lavadoras que calientan el agua consumen hasta 90% más de energía. Reserva el agua caliente exclusivamente para las toallas, sábanas o ropa de cama de alguien que esté enfermo.

4. El dilema de la secadora

Aunque es sumamente conveniente, el calor intenso es el peor enemigo de la elasticidad y la suavidad. Siempre que puedas, seca al aire libre. Si vas a usar la secadora, evita las toallitas desechables (que llenan de químicos y ceras tus fibras) y opta por bolas de lana. Estas ayudan a separar las prendas, reducen el tiempo de secado y eliminan la estática de forma natural.

5. Clasificación inteligente

Ya sabemos que lo blanco va con lo blanco, pero ¿sabías que también deberías separar por peso? Lavar tus jeans o toallas (telas pesadas y rugosas) junto con tus blusas de seda o ropa de gimnasio (telas delicadas y ligeras) causa una fricción innecesaria que provoca "bolitas" o pilling. Agrupar por texturas similares es el secreto mejor guardado de las tintorerías de lujo.

El hábito que marca la diferencia

Dominar el arte de la lavandería no solo se trata de proteger tus camisas favoritas o ahorrar unos pesos en la factura de luz; se trata de cambiar nuestra relación con lo que usamos. En un mundo de moda rápida y desechable, tomarse el tiempo de elegir el ciclo correcto, medir el detergente y dejar que el aire haga su trabajo es un acto de respeto hacia nuestras pertenencias.

Al final del día, una prenda bien cuidada no solo luce mejor, sino que cuenta una historia más larga. Así que, la próxima vez que te enfrentes a esa montaña de ropa, recuerda: no es solo una tarea doméstica, es la clave para que tu clóset —y tu estilo— se mantengan impecables por mucho más tiempo.

Con información de Time

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