Cáncer en perros y gatos: señales sutiles que no debemos ignorar
Con el paso de los años, es completamente natural que nuestros perros y gatos vayan cambiando de ritmo. Duermen más horas, bajan un poco el nivel de actividad o empiezan a asomar algunas canas en el hocico. Sin embargo, hay modificaciones físicas y de comportamiento que solemos achacar al envejecimiento y que, en realidad, merecen una revisión en el consultorio veterinario, sin importar la etapa de la vida en la que se encuentren.
En México se estima que conviven millones de animales de compañía en los hogares. Para quienes compartimos la vida con ellos, conocer a fondo su rutina y su condición física cotidiana se convierte en la mejor herramienta de prevención: nadie mejor que nosotros nota cuando algo deja de ser habitual.
Señales que no debemos ignorar
Especialistas del Hospital Veterinario UNAM-Banfield señalan que existen ciertos signos de alerta que justifican una valoración médica oportuna. Entre los más claros destacan la aparición o el crecimiento de cualquier masa o bulto en la piel, una pérdida de peso inexplicable, heridas que tardan demasiado en cicatrizar, sangrados o secreciones fuera de lo común y la dificultad persistente para comer, respirar, orinar o defecar.
Aunque estos síntomas pueden deberse a diversas causas y no significan automáticamente que un animal tenga cáncer, lo verdaderamente importante es no ignorarlos ni esperar a que desaparezcan por obra de magia.
"Un cambio en la conducta, en el hábito de alimentación, en la actividad física o la aparición de una masa no significa necesariamente que un ejemplar tenga cáncer. Lo importante es no retrasar la visita al veterinario para determinar qué está ocurriendo", señala el doctor Fausto Reyes Delgado, Director Médico y de Desarrollo Institucional del Hospital Veterinario UNAM-Banfield.
Factores a considerar
Si bien la edad avanzada es un factor clave, no es el único. La predisposición genética y ciertos factores ambientales también influyen en el desarrollo de enfermedades oncológicas. En el caso de los perros, algunas razas tienen mayor propensión a ciertos tumores, aunque esto no quiere decir que vayan a desarrollarlos de forma inevitable.
Aquí es donde la observación diaria en casa marca la diferencia. Convivir de cerca con ellos nos permite saber exactamente cuánto comen, cómo se desplazan, cuál es su energía habitual y qué tanto buscan interactuar. Un cambio persistente en cualquiera de estos puntos es información de oro para el médico veterinario.
El peso y la nutrición como focos rojos
El peso merece una atención especial. Una baja de kilos sin causa aparente nunca debe considerarse normal, sobre todo si viene acompañada de desgano o falta de apetito.
Cualquier ajuste en la alimentación durante una enfermedad debe manejarse con pinzas y siempre bajo la guía de un especialista, ya que la nutrición juega un papel fundamental en todas las etapas de vida y se vuelve vital cuando el organismo enfrenta un padecimiento complejo.
Ante la sospecha de cáncer, el camino clínico actual incluye herramientas tan variadas como análisis de laboratorio, radiografías, ultrasonidos o tomografías. Hoy existen alternativas orientadas a procurar el bienestar y la calidad de vida del paciente en todo momento.
Ante cualquier cambio persistente, la opinión de tu médico veterinario de confianza siempre será el punto de partida para cuidar la salud de quienes más nos importan.

