El respeto a la diversidad en el deporte

Paulina Sánchez / 2017-07-12

Al analizar algunas de las expresiones que ha prohibido la FIFA a los espectadores que asisten a los partidos de futbol, resulta evidente que lo que el público general concibe como discriminación y lo que califica como una broma o parte de las “frases comunes” entre la afición parecieran no estar relacionados.

 

Lo que es cierto es que existe una separación por elección entre lo que se dice y lo que implica decirlo, pues, de hecho, las palabras no tienen un significado vacío; fomentan un tipo de ambiente, reflejan una forma de concebir la debilidad o el error del contrincante, una manera de ver a los jugadores y, sobre todo, promueven la mala costumbre de llevar los insultos a la cancha. Pero, ¿acaso no el deporte debiera ser la puesta en práctica de las habilidades físicas, el resultado del trabajo en los entrenamientos, la muestra de talento de individuos que se distinguen en una disciplina y la aplicación de valores como el esfuerzo, el trabajo en equipo y el compañerismo?

 

Dentro y fuera de una cancha, un campo, una alberca, una pista o un dojo, se habla más del deporte como algo sano que lo que muchas veces se pone en práctica. Ello porque se ha dejado de lado que lo sano no está solamente en el desarrollo de un cuerpo atlético, sino en un tipo de salud mental y emocional que se puede dar si tanto atletas como espectadores conviven en un ambiente empático.

 

Aunque muchos no reparan en ello, cuando los asistentes a una prueba atlética o partido gritan frases homófobas, racistas o sexistas, promueven la violencia, la discriminación, la homofobia y el racismo. En ese mismo sentido, no es extraño que un atleta pierda el aprecio del público y que su valor, habilidad y destreza se borren como por arte de magia cuando él o ella se revela como homosexual.

 

Peor aún es larga la lista de atletas a los que se les ha retirado oportunidades de desarrollo profesional o que incluso han sido violentados a partir de confesar su orientación sexual. Basta con pensar en lo sucedido a Bianca Sierra y Stephany Mayor, las futbolistas mexicanas que tuvieron que exiliarse a Islandia para evitar el trato homofóbico de su entrenador, así como los ataques de sus compatriotas en redes sociales.

 

Algunos justifican su discriminación a los atletas LGBT argumentando que éstos deben ser un ejemplo para las generaciones jóvenes. ¿Acaso un deportista LGBT no puede transmitir las mismas cualidades que uno heterosexual? Los deportistas –sí, independientemente de su orientación sexual– son muestra de esfuerzo, de constancia; son personas que luchan por alcanzar sus metas, que demuestran que cada quién puede triunfar y ser feliz siendo lo que desea ser, siempre y cuando trabaje para conseguirlo. Además, como figuras públicas, gran número de ellos demuestra que se puede ser famoso y a la vez solidario, afable y considerado con quienes los rodean y quienes los admiran.

 

Lamentablemente, hasta la fecha, los deportistas LGBT también son ejemplo de lo que sucede cuando se vive en una sociedad intolerante, pues no se les ha permitido ser un espejo y voz para jóvenes que pudieran ver en ellos aceptación, identidad y prueba de que México es un país diverso y que respeta la diversidad.

 

La homofobia en el futbol es tan sólo una de las tantas versiones de homofobia que hay en el deporte. Un patinador puede ser admirado por deslizarse ágilmente en una pista de hielo, mientras no diga que es gay; una mujer puede ganar medallas para su país representándolo en las Olimpíadas, mientras no admita que es lesbiana; pero esto tiene que cambiar.

 

Por fortuna, cada vez son más los atletas de élite internacional que "salen del clóset" ayudando con su valentía a romper las barreras que la discriminación ha impuesto sobre muchos de sus compañeros. Tan sólo por nombrar algunos deportistas de diversas disciplinas, se puede pensar en el boxeador Orlando Cruz, el jugador español de waterpolo Víctor Gutiérrez, la jugadora de futbol soccer estadounidense y medallista olímpica de oro, Megan Rapinoe; la tenista ganadora de 25 títulos y dos Grand Slams, Amélie Mauresmo; el clavadista británico y medallista olímpico, Tom Daley, o el jugador de los Jefes de Kansas City (NFL) Ryan O’Callaghan.

 

Si bien esta es meramente una muestra de la lista de atletas que han hablado abiertamente de su homosexualidad, más largo es el conjunto de nombres que no se han añadido a ella por temor a las represalias, a insultos de los “fans” o a discriminación por parte de las organizaciones que manejan el tema de forma muy tibia o simplemente no hablan de él para evitar que se cuestione su proceder en esos casos.

 

Lo que queda ver es que para que el mundo del deporte sea tan sano como debería, debe ser libre y abierto pues, como la vida misma, es un escenario en el que se desarrolla la diversidad del ser humano.

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