Sobre las propiedades energéticas y espirituales del semen

Harmonía / 2017-12-04

En las tradiciones tántricas y en el hatha-yoga -que surge en parte de tradiciones tántricas tanto budistas como hindúes- el semen es considerado sagrado. El semen, siendo la fuerza vital, es una cristalización del prana o la energía divina, que a la vez es no-dual con la conciencia. En otras palabras, es energía-conciencia. Para el tantra budista es bodichitta, una coagulación de la mente luminosa del Buda o los budas que habitan en el cuerpo humano. Para el taoísmo, el semen está asociado con la esencia vital (jing), la cual a través de un proceso de recirculación del semen -dentro de una alquimia interna- logra convertirse en espíritu y permite alcanzar la inmortalidad. Para todas estas filosofías o religiones el semen, en su manipulación dentro del yoga o la alquimia interna, es lo que permite alcanzar estados de liberación espiritual en esta misma vida, en el cuerpo, sin tener que esperar a la muerte. Y, por el contrario, la eyaculación conduce a la muerte y a la pérdida de energía. En la tradición occidental, aunque muy lejos de esta comprensión, tenemos muestras de que el semen era considerado como el asiento del alma o espíritu. El filósofo Aristóteles comparó el semen con un calor dador de vida similar al sol y señaló que existe dentro del semen un pneuma o principio espiritual que "es análogo al elemento de las estrellas".

 

En el texto "Shiva Samhita", uno de los textos más importantes de la tradición del hatha-yoga, datado entre el siglo XIII y el siglo XVII, se ponen en voz del dios Shiva, el supremo yogi, las siguientes palabras: 

 

Yo soy el semen, Shakti es el fluido generativo, cuando se combinan perfectamente en el cuerpo a través de la práctica, el cuerpo del yogi se vuelve inmortal. Eyaculación del semen lleva a la muerte, preservarlo genera vida. Así, uno debería asegurarse de retener el semen. Uno nace y muere a través del semen; en esto no hay duda. Sabiendo esto, el yogi siempre debería preservar su semen. Cuando la joya preciosa del semen se domina, todo puede ser dominado. A través de la gracia de su preservación, uno se vuelve como yo. El uso del semen determina el sufrimiento o la felicidad de los seres en el mundo, quienes están deludidos por el deseo y están sujetos a la muerte y a la decadencia. Este es el máximo yoga.

 

En el "Hevajra Tantra", uno de los tantras más importante del vajrayana o budismo tántrico, la deidad Hevajra, una manifestación de la mente búdica, señala "Yo habito en el yoni [vagina] de la mujer en la forma del semen". Esto evidentemente hace rerefencia a un uso tántrico del sexo y sugiere, como ha sido explicado por numerosos maestros, que el semen es bodhicitta, es la mente búdica o la mente del despertar.

 

En el mundo occidental moderno, donde ciertamente la ciencia no ha ubicado ningún espíritu o componente energético sutil y menos aún un principio de conciencia en el semen e incluso, donde la misma ciencia recomienda masturbarse frecuentemente, esta visión del semen como algo sagrado y misterioso puede resultar completamente ajena. Y, sin embargo, habría que reflexionar sobre la forma en la que vivimos nuestra sexualidad y poner a prueba algunos prejuicios. Realizar experimentos. ¿Acaso no es cierto que cuando el hombre eyacula siente una pérdida notable de energía y vitalidad? ¿Es posible aprender a controlar totalmente la eyaculación y recircular el semen por el cuerpo? ¿Qué sucede cuando realizamos prácticas yóguicas en el sexo? ¿Hasta dónde puede llegar el éxtasis? Para una visión que considera que el ser humano no es mera materia brevemente animada por una conciencia, que no es solamente un accidente de la materia, sino que considera que el ser humano es un ser espiritual, que la energía existe de maneras sutiles, que la conciencia permea toda la realidad o que la muerte es sólo la posibilidad de una transformación consciente, el semen cobra otro sentido. Se vuelve un líquido precioso y una sustancia que posiblemente puede acercar la trascendencia a la inmanencia del cuerpo.

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