Subjetividad: no se puede ver una mente, sólo se puede ser una

Edmeé García / 2016-07-18

Una mente no es un cuerpo, sino el aspecto subjetivo de este cuerpo, la consciencia de ser, la perspectiva de la experiencia de ser. En palabras del neuropsicólogo Mark Solms “La mente es primero que nada sujeto” y es por esto que como mencionamos anteriormente, una de las 4 características de la mente identificadas por la neuropsicología es la subjetividad. 

 

Sin embargo estudiarla no es tan fácil como podríamos pensar, de hecho esta es una gestión que está relacionada con un problema filosófico que parece no tener respuesta: el problema de “otras mentes”. Es decir, cada uno de nosotros sabe que tiene una mente porque la experimenta, pero ¿cómo podemos determinar si otros seres u objetos no tienen también una mente? Algunos filósofos dicen que esto no se puede determinar, porque la mente es algo subjetivo y por lo tanto sólo podemos conocer la que tenemos. De tal manera que por una mera cuestión de principio no puedes saber si otro ser tiene una mente. 

 

Pero las complejidades no terminan ahí, existe una cuestión relacionada que es el problema de qualia. Una palabra que se refiere a las cualidadades subjetivas de las experiencias de cada individuo, como lo caliente del calor o lo azulado del azul.  De tal manera que aún si cada uno de nosotros asume que tiene una mente y le asegura a los otros que tiene una, nunca sabremos si nuestras experiencias son parecidas. Si realmente estamos viviendo lo mismo aunque estemos lado a lado.  La experiencia de las características del azul que uno tiene podría ser muy diferentes a las que otra persona tiene. 

 

Cuando la psicología, es decir, la ciencia de la mente, empezó a abordar este problema, lo hizo con uno de sus métodos principales: la introspección. Si la mente es subjetiva, entonces se debe hacer un ejercicio de introspección para experimentarla, observarla y conocerla. Posteriormente durante el siglo XIX y principios del siglo XX el psicoanálisis intentó observar muestras de vida mental humana en un ambiente estandarizado para dicho propósito. Estas conductas eran registradas como muestras de subjetividad. El conductismo decía que no podemos estudiar las cosas subjetivas y por lo tanto deberíamos enfocarnos en sus manifestaciones objetivas. Es decir, si no puedes observar otras mentes, debes observar otras conductas. Después surgió una idea más radical: la de que las cuestiones subjetivas en realidad no existen. Que la idea de que existen pensamientos y sentimientos detrás de las conductas es una forma de ilusión. De tal forma que para los conductistas las observaciones de las manifestaciones externas de la mente, terminaron por convertirse en la mente misma.  De esta forma la psicología terminó, quizá irónicamente,  por dejar la psique al margen. 

 

Pero no sólo los filósofos y psicólogos han abordado esta cuestión. Ya que el problema llamó la atención del matemático Alan Turing, quien es conocido como el padre de la inteligencia artificial, pues tuvo la visión de “máquinas inteligentes”. Turing abordó la necesidad de un criterio objetivo para determinar si algo o alguien además de nosotros tiene una mente y diseñó “el test de Turing”. Dicha prueba incluía a un juez humano que debería mantener conversaciones tanto con una persona como con una “máquina inteligente”. Los participantes no podían verse entre ellos, simplemente mantenían contacto a través de una computadora.  Si el juez no puede distinguir entre la máquina y el humano, entonces se considera que la máquina ha pasado la prueba. Si te ha dado curiosidad, puedes realizar un simulacro de este test por acá. 

 

Además durante el siglo XVIII surgió otra propuesta filosófica alrededor de esta cuestión. Esta fue fruto de la duda de René Descartes quien se preguntó como podía saber si algo era real.  Después de largos años, el filósofo concluyó que sólo podía estar seguro de que existía porque pensaba, porque tenía experiencias. Esto quedo resumido en su célebre frase cogito ergo sum o “pienso, luego existo”. Es decir, Descartes creía que la única cosa de cuya existencia podemos estar seguros es nuestra experiencia subjetiva. 

 

Con frecuencia pensamos que las verdades absolutas o los dogmas están reservados para la religión, pero solemos navegar nuestra vida cotidiana basados en conjeturas. Incluso la ciencia es una forma de “sentido común sistemático” y no tiene verdades absolutas, sino teorías, modelos, inferencias, deducciones y conjeturas que nos permiten continuar explorando. Al final, la mente es primero que nada subjetiva, así que no se puede ver una mente, sólo se puede ser una, y la manera en que podemos aproximarnos a conocer otras mentes en nuestra vida diaria es a través de la empatía. Pues si observamos las correspondencias entre nuestras conductas y nuestros estados mentales, asumimos que los demás también comparten estas correspondencias. Entonces si alguien sonríe creamos la hipótesis de que está contento porque nosotros hacemos lo mismo cuando nos sentimos bien. Es a través de estas hipótesis que nosotros también navegamos el mundo. ¿Cómo es la experiencia subjetiva de tu mente?

 

Con información de “What is a mind?” de la Universidad de Cape Town.

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