La diversidad dentro de la diversidad

Paulina Sánchez / 2017-08-11

Uno de los problemas más grandes provocado por etiquetar a las personas es que se generan definiciones reduccionistas de lo que somos los seres humanos. Por ejemplo, creer que ser mexicano consiste en cumplir con una checklist que incluye beber tequila, comer mucho picante y ser fanático del futbol enmarca tan sólo a un puñado de habitantes del territorio que abarca la República Mexicana y deja fuera a incontables personas con gustos, aficiones y costumbres distintas. Lo mismo sucede con la diversidad sexual. Sea por prejuicios como la falta de visibilidad, hablar de la comunidad LGBTQ suele entenderse como definir a millones de personas con las mismas cualidades que a veces ni siquiera rebasan el número de letras que constituyen este acrónimo. Nada más lejano de la realidad.

 

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Cualquiera que haya asistido a las celebraciones del World Pride puede constatar que si hay algo que caracteriza a lo que comúnmente se define como diversidad sexual es la diversidad que la constituye. Esto no se refiere a las diferentes maneras de vivir la sexualidad, pues eso es parte de la vida privada de cada individuo, sino a la variedad de personas y formas de ser que esta comunidad, como cualquier otra, comprende.

 

Por eso, incluso quienes son LGBTQ tienen que practicar el respeto y la tolerancia, ya que estos valores no son unidireccionales; no aplican únicamente de quienes son heterosexuales para quienes no lo son, sino de todos los seres humanos para con los demás, independientemente de su orientación sexual, raza, religión o identidad de género.

 

Para expresarlo de manera más clara, basta con reflexionar en torno a las celebraciones del World Pride 2017 en la ciudad de Madrid. En el transcurso de 1 semana se llevaron a cabo eventos deportivos como la Primera Carrera de la Diversidad, conciertos corales y de todos los géneros musicales, eventos culturales como exposiciones temporales en el Museo del Prado, el Thyssen-Bornemisza o el Reina Sofía; concursos de fotografía, concursos de belleza y eventos multitudinarios festivos como la gran manifestación. Tanto el público testigo como el asistente, así como el ambiente en cada uno de estos eventos fue tan variado como lo fueron las celebraciones y, como sucede en general con la diversidad, la manera de dar lugar a una buena convivencia radicó fundamentalmente en promover el respeto y la tolerancia, los cuales, en cualquier ámbito, se deben extender hacia todos los puntos que conforman a la humanidad.

 

Si bien la empatía se da con mayor facilidad entre aquellas personas que comparten una misma circunstancia de vida, la diversidad sexual no es como una caja en la que se guardan aparte quienes son LGBTQ, sino simplemente una característica más de personas que, a su vez, son distintas. Tal vez el punto de encuentro sea el deporte, el arte, la música o la fiesta, así que hay que estar abiertos, porque cualquiera de esos intereses comunes puede abrir las puertas para generar empatía.

 

Por eso, la diversidad dentro de la diversidad establece un abanico de oportunidades para hacer amigos diferentes no sólo por su raza, credo u orientación sexual, sino por sus gustos alimenticios, hobbies, profesiones… El asunto es que cualquiera de esas características es tan sólo un aspecto de lo que cada persona es.

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